Boda Mario con limusina

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Si tengo que ser sincera, en un primer momento me sorprendió, ya que nunca habíamos precisado de unos papeles para decir que éramos marido y mujer. Hasta teníamos tres hijos de 8, 6 y 5 años. A esto de las bodas no le habíamos dado ninguna importancia, al contrario, era mi familia (principalmente mis padres) los que daban cierta importancia al evento. Así que nos liamos la manta a la cabeza y ¿por qué no? Ya teníamos una familia sólida, formada y, habíamos comprobado que nuestra pareja era totalmente estable. No sería una gran boda, familia y algunos amigos íntimos, pero de todas formas, deseábamos que fuera muy bonita.

Alquiler coches para bodas

Tardaron unos cuatro meses en darnos hora en nuestro Ayuntamiento, algo que nos fue perfecto, ya que había que preparar muchas cosas. Ya os podéis imaginar que con tres niños había que comprar ropa y un montón de cosas, además de todos los preparativos que lleva una boda, por pequeña y sencilla que fuese. Cuando lo tuvimos todo preparado, Mario, nos reunió a todos en el comedor y nos dijo que deseaba alquilar un coche de lujo para que nos llevara al Ayuntamiento y al restaurante. Ya os podéis imaginar que los chiquillos se pusieron como locos, a mí no me hacía mucha gracia, en un primer momento. Cuando estuvimos a solas ante la pantalla del ordenador, me enseñó unos lujosos coches que alquilaba una empresa. Me dijo que había llamado pero que se decantaba por esa ya que parecían muy serios. Decidimos ir a mirar, no perdíamos absolutamente nada y todo era sin ningún compromiso. A mí me preocupaba el precio, ya que uno de aquellos cochazos no podía ser nada barato. Aunque fuera de alquiler. No nos engañemos. Nos recibieron muy amablemente y nos enseñaron todos los vehículos que poseían (que no eran pocos), verdaderas preciosidades sobre ruedas. Os lo juro. De película. Es evidente que aquellos coches no los podía conducir cualquiera, y que disponían de un chofer que pondrían a nuestra disposición. Nos gustaron muchos pero necesitábamos uno grande, ya que los niños vendrían con nosotros. Cuando nos dijeron los precios, no nos lo podíamos creer, ya que eran muy económicos, y el alquiler, nos lo hacían a medida. Vaya, si deseábamos el coche para una u otra cosa, ya sabéis, que si el Ayuntamiento, el restaurante, la recogida del novio y la novia. En este último caso no había problema ya que vivíamos juntos. Nos decidimos por una limusina Town Car de color negro de 9 plazas. Bueno, lo decidieron los chicos, ya que por el precio no íbamos a discutir. Fabulosa. Los niños se lo pasaron en grande dentro de aquel cochazo con todos los extras posibles: pantalla de plasma. CD, MP4, por haber, hasta había teléfono. El recorrido hasta el Ayuntamiento fue una verdadera fiesta. Los responsables de limusina valencia fueron muy amables y hasta nos regalaron una botella de cava. ¿El chofer? Muy amable y completamente uniformado. Una de aquellas bodas para no olvidar en la vida. Y mis padres contentísimos.